Diario de escritores

lunes, 7 de diciembre de 2020

Mi escena de lectura - Un recorrido por los relatos de mi papá

Alumna: Julieta Pettinari
Docente: Santiago Castellano
Comisión: 07
Modalidad: Individual
Consigna: Escriba una “escena de lectura” propia de un libro de poesía o prosa, de una historieta, una revista, un film, un cuadro, una fotografía, una melodía, una ciudad, que le haya resultado significativa y por eso perdure en su memoria. 

Un recorrido por los relatos de mi papá:

Mi humilde homenaje al más grande de la historia



MÉXICO 86’: 31 de mayo 1986 – 29 de junio 1986

Avanzando hacia mitad de la cancha, con la pelota en los pies y Maradona a un par de metros, ¿Qué otra cosa iba a hacer Héctor Enrique? Se la dio a Diego.  “Ahí la tiene Maradona. Lo marcaron dos”, relató Víctor Hugo Morales, que transmitía por radio el partido para la Argentina. Diego recibió el balón de frente a su propio arco. Con un giro se sacó de encima a los ingleses Reid y Beardsley y dejó fuera de acción a Sansom. “Pisa la pelota Maradona. Arranca por la derecha el genio del fútbol mundial”, anunció Víctor Hugo. Diego iba derecho hacia el área de Inglaterra. Un rápido amague dejó en el camino a Butcher. “… Y deja al tercero, y va a tocar para Burruchaga”, creyó Morales. Pero no, Diego entró al área, gambeteando y esquivando el manotazo de Fenwick. El relator entendió lo que estaba pasando: “¡Siempre Maradona! ¡Genio! ¡Genio! ¡Genio!”.  Pasó de largo el arquero Shilton. Butcher, que volvía y lo corría de atrás, le tocó a Diego la pierna derecha haciéndolo caer, pero demasiado tarde. Stevens no alcanzó a cerrar. El grito de gol del relator se hizo emocionado y largo como los 62 metros que recorrió Maradona con la pelota, tocándola 12 veces, siempre con el pie izquierdo, sin dejar que siquiera la rozara un rival. Víctor Hugo redondeó su relato con la pregunta que en ese instante se estaba haciendo eco en todo el mundo: “Barrilete Cósmico… ¿de qué planeta viniste?”.

Los fines de semana que mi papá no viajaba a cubrir partidos me contaba anécdotas como estas. México 86’ es, sin dudas, mi preferida. No lo viví, pero él me hace sentir que sí.  Jugamos a analizar partidos viejos, nos metemos en la cabeza de los futbolistas. El fútbol, diversión y pasión, deporte y espectáculo, es también, como dijo Johan Cruyff, “un juego al que se juega con el cerebro”. Y se juega con el cerebro no sólo en el estadio, sino también al verlo desde la tribuna o ante la pantalla, al leer la tabla de posiciones, al evaluar las chances de clasificar en una eliminatoria, al discutir la justicia de la decisión de un árbitro. 

En la radio, en un viaje o en el living de mi casa. En cualquier lado. A cualquier hora. Si hay algo que disfruto es escuchar a mi papá y sentir la pasión. La imagen de ese gol –“el gol del siglo”- resume, en cierto modo, el desarrollo de la Copa del 86’. Un Maradona indomable, omnipotente, imposible de marcar o controlar. Dueño de la pelota y arma, por momentos exclusiva, pero suficiente, de los ataques de los argentinos. Diego fue aquel que miraba la pelota como un nene. Pasión es inocencia. Cuando mi papá era chiquito, juntaba a varios vecinos del barrio y organizaba partidos en el patio de su casa. El se subía a lo alto de un tobogán y relataba cada jugada. Para mi papá el micrófono, es como la pelota para el Diego. 

ITALIA 90’: 8 de junio 1990 – 8 de julio 1990

“No estaba siendo un Mundial fácil para Diego” decía mi papá. Desde el comienzo jugaba casi en una pierna, inyectándose calmantes en su tobillo izquierdo esguinzado, y con una uña encarnada. Así y todo, tiro el centro del empate 1-1 con Rumania que le permitió a Argentina pasar con angustia a la primera ronda, y desparramó brasileños para el gol de Caniggia en el 1-0 a Brasil de octavos de final. Pero, además de los problemas físicos, soportaba la hostilidad de todo el público italiano -salvo el de Nápoles- y venía de fallar su penal contra los yugoslavos. 

Maradona, “siempre a lo grande”, engaño a Zenga con un toque suave: 4-3. A Italia le quedaba un solo penal, una única chance de empatar. Aldo Serena acomodó la pelota. Pero, antes de que pateara, Goycochea ya había decidido tirarse a la izquierda. El relato de una radio italiana quedó entre los más recordados: “Siamo fuori… Siamo fuori della copa… Un giorno tristissimo”.

Entonces, como hacía cuatro años antes, Argentina y Alemania se encontraron en la final. Argentina, con muchas ausencias por lesiones y suspensiones (entre ellas la de Claudio Caniggia, su principal delantero) pareció haber agotado contra Italia todo lo que tenía para dar. Nunca pudimos hablar sobre esa final con mi papá. Me contó sobre ese mundial y sobre diferentes partidos y jugadores. Cantamos “Un'estate italiana” miles de veces. Pero quedó ahí. Nada más que eso. “Solo Alemania pudo más que Goycochea”.

Y así, siguieron las historias de papá. Siempre aparecen nuevas, o a veces rememoramos algunas viejas. Así son los relatos de fútbol: risas y llantos, penas y sobresaltos


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