Fabián Casas y David Poissant
“Ocio” por Fabian Casas es un cuento que me obligó a meterme de lleno en el universo de Andrés Stella. Extremadamente minucioso y detallado, más de lo que me gustaría. La cantidad exhaustiva de detalles logró marearme y dejarme completamente desconcertada. Nunca disfruté las narraciones puntillosas y esta no fue la excepción. De todas maneras, los temas que atraviesa la historia me resultaron muy interesantes. Estos pasan por el vínculo con su familia; su desintegración luego del fallecimiento de su madre, su relación con las drogas y adicciones, sus amigos, la música, los Beatles, entre otros.
Se puede caracterizar por una historia calma que se acelera a partir del momento en el que Roli, el mejor amigo del protagonista, contacta a un supuesto boliviano que los proveerá de drogas para vender y por ende consumir. Andrés acepta con la misma falta de convicción con la que acepta su transcurso por la vida y así, juntos emprenden un camino alineado y blanco hacia el fin de una triste historia.
En relación con la estructura del texto, se presentan pausas descriptivas a lo largo del cuento para señalar el paso del tiempo o el comienzo de una nueva etapa. El narrador cuenta distintos momentos de su vida que lo llevaron a ser quién es, no permite reservarse nada para sí. Se abre totalmente, dando a conocer sus emociones, pensamientos, sensaciones, reflexiones y enseñanzas. El abandono, la melancolía, la emoción, la tristeza y la soledad se apoderan del cuento logrando crear un clima de extrema compasión.
Por otra parte, “Asterix, el encargado” de Fabián Casas es un cuento en el cual el narrador se presenta siendo parte de la historia. Me resultó fácil encontrar ciertos tópicos e ideas y poder relacionarlo con “Ocio”. Por ejemplo, se repite el tema del abandono, la soledad, la tristeza, los libros, la escritura. Es un texto bastante descriptivo ya que hace un detenimiento y marca los detalles de los diferentes lugares que recorre. El narrador, Sergio Narvaiz, se encuentra en primera persona relevando sus sentimientos.
Se trata de una historia, la cual sería el relato de una experiencia vivida, su satori. El personaje se encontraba en pareja con una mujer, quien tenía un gato, el cual es parte de la historia y el principal hilo conductor. Asterix, el portero del edificio, comenzaba a ser su más grande confidente mientras el narrador afrontaba una especie de abandono por parte de su novia y el gato. Juntos emprendieron una aventura hacia el barrio boliviano donde había una fiesta o ritual. Finalmente, Sergio, se sintió miembro de la tribu, “convirtiéndose en un verdadero veterano del pánico”. Asterix terminó como culpable de dos muertes y de su propio suicidio, siendo este hecho un plan de la policía.
Pasando a otro plano, nos encontramos con “El hombre lagarto” y “El Cielo de los Animales” de David Poissant. Es casi imposible no conectar estos cuentos entre sí dada la reiteración de personajes, lugares, ideas, temas, momentos. En mi opinión, hay que leer ambas historias para conocer con exactitud los acontecimientos vividos por el protagonista; Dan y su extraña relación con su hijo Jack.
Por un lado, en El Hombre Lagarto, presenta existencias crudas, marcadas por la pérdida de seres queridos, trabajos rutinarios y mal pagos. Fue de los cuentos más innovadores que leí, ya que resulta una suerte de magia literaria poder transmitir emoción desde la dureza de la realidad diaria, sin la necesidad de agregar elementos fantásticos o maravillosos.
En la obra mencionada, el rol del narrador tiene mucho para analizar: un tercero se encargará de contar la despedida que se realiza en honor al padre de su mejor amigo, quien era conocido como el “Hombre Lagarto”, ya que tenía un viejo lagarto encerrado en su jardín. Sin embargo, la implementación de varios flashbacks expondrá una segunda historia revelando más dudas que certezas: ¿es realmente Red –el padre difunto– el Hombre Lagarto?
Es claro que la lectura de El cielo de los animales; brinda una herramienta fundamental para entender con mayor profundidad al narrador, ya que, retomando la idea anterior, existe una gran intertextualidad entre ambas obras. El encuentro con el lagarto y el final que ocurre después dan la pauta de cómo se cruzan y se enriquecen, aportando sólo aquello que la literatura de calidad nos permite llegar. Dan Lawson (cuyo nombre sabemos a partir de este segundo cuento) tiene una forma de ser que lo hace ver cortante e indiferente. De todas maneras, Poissant nos comunica, en las dos narraciones, una parte muy importante de este personaje a partir de los reiterativos recuerdos de la infancia de su hijo.
Para concluir, la enseñanza que me llevó tras la lectura de estos cuatro cuentos es que lo enriquecedor se encuentra en todo aquello que no se dice, pero que se puede sentir a través de la creación de una pieza de arte narrativo.
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