Docente: Santiago Castellano
Comisión: 07
Modalidad: Individual
Indicación: Primera escritura
Consigna: Elegir uno de los objetos significativos que buscaron: escribir un cuento en el que el objeto sea importante para el narrador o narradora.
Herencia de pasión
Hace unos años, 1986, para ser precisa, un muchacho de mi misma edad arribaba a la Ciudad de Buenos Aires para luchar por un sueño. Con una valija semivacía y una mochila, se bajaba, desorientado, en la Terminal de Retiro. La gente lo pasaba por arriba, su metro sesenta tampoco ayudaba demasiado. A su ritmo y con alguna que otra dificultad para salvaguardar su equipaje, logró atravesar la muchedumbre y alcanzó la salida. La plata que había en su billetera se contaba con los dedos de una mano, no estaba para lujos. Por eso, sacó un par de monedas y se tomó el 106 hacia un cuartucho ubicado en Av. Córdoba y Gallo, donde lo recibieron un grupo de asiáticos hacinados.
Después de limpiar la polvareda que inundaba su pieza, abrió su mochila y sacó de ella un libro cuya tapa titulaba: “La historia de los mundiales”. Muchos sueñan con algún día poder jugar uno, pero él deseaba, algún día, poder relatarlo. Ya de chico lo demostraba cuando se subía al tobogán de la plaza del barrio para relatar los partidos de sus amigos, quienes en ese momento se transformaban en estrellas de fútbol. En el Círculo de Periodistas Deportivos, único lugar en Latinoamérica que enseñaba dicha profesión, él se formaría para poder finalmente cumplirlo.
Hay una famosa frase que dice: “Nada es gratis en la vida”. La carrera no era la excepción, por eso, tuvo que trabajar duro para poder cubrir los gastos. Su rutina consistía en repartir diarios de 5.30 a 7 de la mañana, horario en el que entraba al Colegio Del Salvador para cumplir su labor de preceptor. Luego, a eso de las 5 de la tarde, aprovechaba para recargar energías y afrontar la facultad en su turno nocturno. A la pensión llegaba exhausto, miles de cosas se le pasaban por la cabeza, pero cuando miraba aquel libro sobre la mesa de luz recordaba porque estaba allí. Ningún agotamiento iba a ser suficiente como para hacerle bajar los brazos. El día que volviera a instalarse en su Santa Fe natal, iba a ser con el título en su poder.
En ese mismo año, se disputó el famoso mundial de México y la Argentina de Maradona y Bilardo trajo la copa a casa. La emoción que provocó en él, se tradujo en una crónica completa del camino albiceleste a lo largo de la Copa. Esa fue escrita ni más ni menos que en las hojas en blanco que había al final de su querido libro.
Los años pasaron, llegó el 90´, se recibió y el libro seguía a su lado. Otra crónica para narrar, esta vez con un espacio bastante más reducido y un final, desgraciadamente para todos, triste. Como innovadora idea, se le ocurrió pegar un sobre en la contratapa en el que metería las narraciones de los mundiales futuros. Y así fue: Estados Unidos 94´, Francia 98´, Corea-Japón 02´, Alemania 06´, Sudáfrica 10´, Brasil 14’ y Rusia 18’. Llegado ese momento, aquel muchacho ya se había convertido en un señor. Se encontraba en Santa Fe, liderando su propia emisora de radio y habiendo formado una gran familia. A pesar de su devoción por aquel libro, él siempre lo mantuvo oculto. Nunca compartió sus intervenciones con nadie, ni tampoco contó lo que realmente significaba para él.
Ahora, me toca a mí. Heredando la pasión de aquel muchacho, mi papá, me vine a vivir a Buenos Aires para cumplir mi sueño. La noche anterior a partir, tocó la puerta de mi cuarto, se sentó a mi lado y me dio, con sus ojos cargados de emoción, un libro que titulaba “La historia de los mundiales”. En ese momento, me dijo: “ahora sos vos la encargada de continuarlo”.
Ya ha pasado un año desde que estoy aquí y ese libro me sigue acompañando en mi mesita de luz. Y lo seguirá haciendo. Los mundiales siempre nos acompañan, es la bandera del fútbol. Desde aquel 1930 –ante un acontecimiento presenciado por un acotado número de espectadores en cada partido- hasta este próximo 2022 habrán transcurrido noventa y dos años. La audiencia de Rusia 2018 alcanzó 3.572 millones de televidentes.
Me gusta pensar la vida como un partido de fútbol. Un periodista preguntó a la teóloga alemana Dorothee Solle: “¿Cómo explicaría usted a un niño lo que es la felicidad?” “No se lo explicaría” respondió “le tiraría una pelota de fútbol para que jugará” (Eduardo Galeano). No encuentro nada más lindo que celebrar un gol. Fútbol es deporte, competencia, trabajo, profesión, espectáculo, negocio… pasión.
Los registros escritos por mi papá de esta pequeña y gran historia me permiten ocupar un lugar en aquella universal e imaginaria platea y así apreciar lo mejor del fútbol en su más alta expresión: la historia de los mundiales.
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