Diario de escritores

martes, 12 de mayo de 2020

Doce años de sacrificio

Alumna: Julieta Pettinari
Docente: Santiago Castellano
Comisión: 07
Modalidad: Individual
Indicación: Primera escritura

Consigna: escribir un cuento que empiece con la frase elegida (estaba haciendo calor, el sol le estaba quemando la nuca) e incluir alguno de los siguientes conjuntos de oraciones (veo encuentros - grave herida - tiene miedo).

Doce años de sacrificio:

Estaba haciendo calor, el sol le estaba quemando la nuca.  Los entrenamientos matutinos de verano eran realmente desgastantes. Marcelo sabía que tenía que rendir al máximo para tener un lugar en el primer equipo. Era su tercera pre-temporada. En las anteriores, nunca había podido ganarse un lugar. La delantera era un puesto muy peleado y compitiendo con él había jugadores de primer nivel. Faltaban dos semanas para el inicio del torneo, estaba en la recta final. La dirigencia ya le había dado el ultimátum, o demostraba condiciones de titularidad, o se iba a tener que ir por la puerta de atrás. Con sus cortos 20 años, se jugaba todo.

Marcelo comenzó su carrera en Newell´s a los 8 años. Toda su familia era hincha del club y jugando allí les estaba cumpliendo el sueño. Su papá lo llevaba en el manubrio de su bicicleta, de lunes a sábados, a las 8 de la mañana al complejo “Malvinas Argentinas”, donde entrenaban las infantiles. Luego, se iba a vender pan por los alrededores del Parque Independencia. No siempre ganaba suficiente dinero para darle de comer a sus 5 hijos. Por lo que, en reiteradas ocasiones, Marcelo se iba a dormir fatigado y con hambre. El pan duro no alcanzaba para llenarlo. Sin embargo, lo que si alimentaba en él estas situaciones, era el hambre de gloria. Él sabía que dependía de si para sacar a toda su familia de eso. 

Una tarde del 29 de junio de 1986, muchos vecinos de Villa Moreno, se juntaron en una rotisería a ver la final del mundo entre Argentina y Alemania. Marcelo tenía apenas 10 años, pero fue una experiencia que jamás olvidó. Tras la algarabía de haber obtenido aquel logro, todos se le acercaban y le decían: “Vos de grande vas a ganar otra así”. Él se había convertido en la bandera del barrio.
Con una semana de anticipación al debut de “La Lepra” en el torneo, al finalizar la práctica, el técnico se acercó a Marcelo y le dijo que iba a ser el 9 titular, que éste iba a ser su momento. También, le aclaró que esté tranquilo y que disfrute. El joven estaba por cumplir su sueño y la noticia se hizo eco en todo el barrio. Además de contar con el apoyo de los hinchas rojinegros, iba a tener a los propios apoyándolo desde aquella histórica rotisería. 

Llegó el día, el “Coloso del Parque” latía casi tan fuerte como el corazón de Marcelo. Ya dentro del túnel sintiendo vibrar al estadio, la 9 en la espalda le pesaba tanto como si cargara a toda la ciudad encima. Cuando entraron, la cancha se vino abajo, allí fue cuando el técnico, dándole una palmada en la espalda, lo calmó diciendo: “Mirá lo que es esto, vos la rompes en terrenos peores. Esto es un billar, divertite”. Con el pitido inicial a Marcelo se le vinieron a la cabeza todos esos momentos jugando en el barrio, en las inferiores e infantiles. Todos ellos tenían un denominador común, la diversión. 

Así fue como parecía que volaba dentro del campo de juego. Los defensas rivales no lo podían agarrar. Toque, devolución, gambeta, desequilibrio, todo. Estaba jugando un auténtico partidazo. Sin embargo, faltando 5 minutos para finalizar la primera parte, el central rival lo embistió fuertemente desde atrás. Marcelo se desplomó en el suelo llorando del dolor. Un silencio estampa aturdió al estadio. De pronto, la sirena de la ambulancia empezó a retumbar en cada esquina. Los enfermeros lo levantaron y ni bien lo aseguraron dentro del vehículo, lo anestesiaron.

Al día siguiente, despertó en un hospital. Vio a su alrededor y en aquel triste encuentro, estaba su familia, impactada, mirándole esa grave herida en su pierna derecha con mucho miedo. Se había quebrado el peroné. En una esquina, silencioso, se hallaba el cirujano que lo había operado. Éste fue el encargado de comunicarle lo peor. Ya nunca más podría jugar al fútbol. Su sueño, el de toda su familia y el de todo un barrio, estaba acabado. Doce años de sacrificio, llegaron a su fin. 

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